LOS NEGRITOS

El domingo, día 3, me levanté como todos los días de las últimas semanas, temprano, como si un día laborable fuera y es que estamos en Precampaña. La verdad, es que hace mucho que como otros tantos amigos y compañeros, estamos siempre en campaña, porque las elecciones hay que empezar a prepararlas desde la misma noche que se saben los resultados y hasta la misma noche que se vuelven a repetir a los cuatro años.

Pues eso, que el domingo me levanté temprano y tras las tareas domésticas (que yo soy de los que colaboran), me encaminé a Montehermoso. Estaban en fiestas como en casi todos los lugares de Extremadura. La fiesta de los Negritos que me gusta más que eso de la fiesta de San Blas. Habíamos quedado con los Candidatos y Candidatas al Congreso y al Senado por el PSOE, partido otra vez ganador de las próximas elecciones generales, estoy seguro.

Con el último tramo abierto de la autovía que cruza Plasencia, me despisté un poco y preferí entrar hasta la rotonda que da al antiguo cruce que va a Montehermoso, ya dentro de la ciudad. La verdad, lo que se ha notado la autovía, antes era un camino que costaba hacer ir hasta Plasencia; imagino que lo mismo le pasaba a los que se tenían que desplazar hasta Cáceres. Las distancias se acortan, las comunicaciones fluyen y yo me vuelvo a salir del asunto para el que había decidido escribir.

Montehermoso es de esos sitios que combina lo antiguo y tradicional con la evolución, con el cambio y con el futuro. Está bien, no hay que olvidar las raíces, hay que sacar lo mejor de lo que fue y  hacerlo pasar por el presente para ir construyendo el futuro, ese futuro que cada día nos llega más rápido, con más intensidad, con casi pasión. Disfruto mucho de estas fiestas. Lo importante es la mezcla, la combinación y el colorido que se produce entre los de allí con los que vamos a visitarlos de otro sitio, de la gente mayor con los crios y los no tan crios; es un combinado increíble.

Frente a la plaza, un rectángulo dibujado con cuerdas dejaba hueco para que los “Negritos” llegasen hasta el pórtico a realizar el baile. A su alrededor, los vecinos y visitantes se agolpaban, esperando impacientes la llegada de la comitiva. Los orígenes de la fiesta no están claros. Fiesta, como todas, religiosa y pagana a la vez. En su vertiente pagana, se conmemoraba el final de la época fría y la salida del ganado a comer los primeros pastos y en su vertiente religiosa, San Blas, relacionado con los animales y su protección. El hecho de que los danzantes vayan tiznados ó pintados de negro, data del siglo XVI. Una familia de lugareños que iba hasta el pueblo a pedir y como contrapartida bailaban y danzaban, hasta el punto que una vez finalizado el repertorio, idearon otra danza nueva pintados de negro (aunque también lo hacían para no ser identificados) y fue tal el beneplácito de los montehermoseños que les pidieron año tras año que danzaran pintados de esa guisa.

Pasamos un buen rato, hablando con las gentes residentes y transeúntes, tomando una cerveza con los quintos que aún no se habían acostado desde el día anterior, visitando  la carpa instalada a la entrada. En definitiva, hicimos pueblo, vimos y nos dejamos ver, compartimos lo mejor de la vida de un pueblo, sus fiestas, donde todos se echan a la calle para vivir conjuntamente y en armonía unas horas.

 Alfredo Escribano Sánchez

 

Advertisement